lunes, 6 de enero de 2014

Cuando comienzas en una startup ya nada volverá a ser igual…



Según los ideales clásicos del futuro empleo que encontraremos está el de trabajar para una multinacional o para una empresa con tanto renombre que con sólo pronunciar su nombre consigues que el receptor diga “guau”.

Nadie quiere que su hijo trabaje en una empresa con tres empleados dónde haya de poner su portátil, llevar los folios, robar la conexión wifi del vecino o limpiar la oficina.

El día que comencé en la multinacional en la que estoy ahora una compañera me estaba enseñaba las instalaciones cuando llegamos a una sala llena de bolis, rotuladores, folios, libretas, camisetas, anillas, gomas…  Tendríais que haber visto mi cara, me quedé bastante sorprendido y mi compañera impactada porque una cosa tan “normal” me hubiese llamado la atención.

Pero ya no sólo eso, es que si hay un problema con un ordenador no me toca a mí formatearlo cuando acabo de trabajar, ni instalar la versión gratuita de Dropbox con varios usuarios para tenerlo todo gratis. Y aún hay más, no hay que hacer una búsqueda de algo que necesitas e ir mirando el precio más bajo (y a ser posible gratis…), muchas veces ni a números 902 puedes llamar. En esto sí es cierto eso de las grandes empresas. 

Puede que acabes patas arriba
Tal vez sea muy osado decirlo pero por más que pase el tiempo añoro esa sensación de vivir al límite y convertir cada día la startup en una empresa de esas de verdad. 

Además, lo considero muy recomendable por otras cosas. Por un lado porque despierta la creatividad del empleado (conseguir con nada todo) y, por otro lado, como no hay personal suficiente acabas haciendo tareas de las que no tenías ni idea y en las que nadie te puede guiar, así que te ves avocado a buscar tiempo para la autoformación y para aprender a base de prueba-error. 

Y no hablemos de los horarios, flexibilidad absoluta. Igual un día tenías que levantarte a las 6 para poder prepararte la reunión de las 8 que otro te levantabas a las 9 porque habías estado trabajando hasta las tantas. 

Es cierto que te vas a equivocar mucho pero esa sensación de haber aprendido no te la va a dar ningún máster ni ningún gurú.

Y puede que para colmo tu startup muera (cosa que yo ni me planteaba) y tú con ella, pero resurgir de ahí es una fuerza tal ave fénix que nunca se podrá experimentar en esas empresas “guau”.

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