Según los ideales clásicos del
futuro empleo que encontraremos está el de trabajar para una multinacional o
para una empresa con tanto renombre que con sólo pronunciar su nombre consigues
que el receptor diga “guau”.
Nadie quiere que su hijo trabaje
en una empresa con tres empleados dónde haya de poner su portátil, llevar los
folios, robar la conexión wifi del vecino o limpiar la oficina.
El día que comencé en la
multinacional en la que estoy ahora una compañera me estaba enseñaba las instalaciones
cuando llegamos a una sala llena de bolis, rotuladores, folios, libretas,
camisetas, anillas, gomas… Tendríais que
haber visto mi cara, me quedé bastante sorprendido y mi compañera impactada
porque una cosa tan “normal” me hubiese llamado la atención.
Pero ya no sólo eso, es que si
hay un problema con un ordenador no me toca a mí formatearlo cuando acabo de
trabajar, ni instalar la versión gratuita de Dropbox con varios usuarios para
tenerlo todo gratis. Y aún hay más, no hay que hacer una búsqueda de algo que
necesitas e ir mirando el precio más bajo (y a ser posible gratis…), muchas
veces ni a números 902 puedes llamar. En esto sí es cierto eso de las grandes
empresas.
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| Puede que acabes patas arriba |
Tal vez sea muy osado decirlo pero
por más que pase el tiempo añoro esa sensación de vivir al límite y convertir
cada día la startup en una empresa de esas de verdad.
Además, lo considero muy
recomendable por otras cosas. Por un lado porque despierta la creatividad del
empleado (conseguir con nada todo) y, por otro lado, como no hay personal
suficiente acabas haciendo tareas de las que no tenías ni idea y en las que
nadie te puede guiar, así que te ves avocado a buscar tiempo para la
autoformación y para aprender a base de prueba-error.
Y no hablemos de los horarios,
flexibilidad absoluta. Igual un día tenías que levantarte a las 6 para poder
prepararte la reunión de las 8 que otro te levantabas a las 9 porque habías
estado trabajando hasta las tantas.
Es cierto que te vas a equivocar
mucho pero esa sensación de haber aprendido no te la va a dar ningún máster ni
ningún gurú.
Y puede que para colmo tu startup
muera (cosa que yo ni me planteaba) y tú con ella, pero resurgir de ahí es una
fuerza tal ave fénix que nunca se podrá experimentar en esas empresas “guau”.

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